El Comité de Unidad Campesina (CUC) saluda a las mujeres indígenas y campesinas, a las mujeres luchadoras y trabajadoras, a las migrantes que dejan familia y territorio en busca de mejores condiciones de vida, a las mujeres jóvenes, a las niñas, a las víctimas de violencia machista y estructural, y a las madres que día a día, enfrentan condiciones difíciles debido a la falta de oportunidades, la feminización de la pobreza y la carga desproporcionada del cuidado y la crianza de las hijas e hijos.
Este Día Internacional de la Mujer nos recuerda que los derechos conquistados han sido fruto de la lucha histórica de muchas mujeres que han ofrendado su libertad y su vida para heredarnos sus logros.
Reconocer y reivindicar los derechos de las mujeres es una tarea diaria en todos los ámbitos de la vida. Sin embargo, quienes asumen esta tarea enfrentan grandes dificultades, como las mujeres defensoras de la Madre Tierra y el territorio, quienes luchan por la preservación de los elementos comunes de la vida, enfrentando políticas de muerte impulsadas por sectores de poder que ven la naturaleza como mercancía. Son ellas quienes resisten el despojo y el desplazamiento, defendiendo la cosmovisión, los idiomas y la cultura desde la práctica de su herencia ancestral.
Las mujeres indígenas y campesinas, como sujetas de derechos, exigimos mejores condiciones de vida a través del acceso, uso y tenencia de la tierra, insumos agrícolas, asistencia técnica para el cultivo de alimentos, programas de comercialización justa de la producción agrícola y artesanal, así como políticas que generen oportunidades de desarrollo para nuestras familias.
Una vez más rechazamos y denunciamos el sistema patriarcal, machista y racista que, junto al pacto de corruptos enquistado en el Estado, además de impedir la implementación de políticas y programas de empoderamiento económico para las mujeres, obstaculiza y dificulta la implementación de políticas que beneficia a la población en general.
Saludamos a las mujeres que han logrado ocupar espacios históricamente negados a las mujeres indígenas, esperando que puedan ejercer su labor con libertad y en beneficio de la mayoría de la población. Al mismo tiempo que debemos prepararnos, aumentar nuestras capacidades políticas para asumir las nuevas tareas que la lucha nos demanda.
Finalmente, rendimos homenaje a nuestras antecesoras: mujeres que resistieron la política de tierra arrasada y el reclutamiento militar forzoso, quienes siguen buscando justicia por las ejecuciones extrajudiciales y desapariciones forzadas durante la guerra en Guatemala, mujeres trabajadoras que dieron su vida en defensa de los derechos laborales, indígenas y campesinas que han reivindicado los derechos colectivos de los pueblos originarios, adolescentes y niñas a quienes el fuego silenció para impedir que denunciaran la realidad que vivían en el Hogar Seguro Virgen de la Asunción, y a todas aquellas niñas forzadas a la maternidad.
Por eso, a más de 100 años de la protesta de las obreras de Nueva York por mejores condiciones laborales, ratificamos nuestro compromiso de seguir en lucha hasta alcanzar nuestros derechos y el buen vivir.
Mujeres indígenas y campesinas, Defensoras de la madre tierra, el territorio y la vida
Cabeza clara, corazón solidario y puño combativo, de las y los trabajadores del campo
