Para expandir sus plantaciones de palma africana y caña de azúcar, estos empresarios están acaparando tierras que anteriormente se destinaban a la producción de alimentos básicos, contribuyendo así al encarecimiento de los alimentos, a la escasez y al hambre del pueblo. Al mismo tiempo, están destruyendo los bosques remanentes, secando humedales, desviando el cauce de los ríos y haciendo movimientos de tierra en dichas áreas, con lo cual desaparece la biodiversidad del lugar, patrimonio de todos los guatemaltecos, sin que las instituciones competentes, tales como el MARN, el INAB y el CONAP, ejerzan ningún control ni regulación a tales actividades.
En la mayoría de casos, las y los campesinos nos vemos obligados a vender la tierra ante el abandono de las instituciones del Estado y la pobreza extrema, pero de igual manera somos víctimas de engaño y estafa, así como de amenazas, presiones diversas y violencia por parte de los agentes de los empresarios.
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